El oficio de SOSTENER
- Maria Virginia - Coach

- 8 ene
- 4 Min. de lectura
Desde 2016 tengo un ritual que repito cada enero: elegir una palabra.
No es una meta.
No es una lista de objetivos.
Es más bien una intención. Algo que me acompaña durante el año y me recuerda cómo quiero estar, no solo qué quiero lograr.
Este año, la palabra que elegí es SOSTENER. ¿Recuerdas a la ardilla de la película Ice Age, que sostuvo su bellota toda la película?

La elegí porque me di cuenta de algo simple, pero bien duro: empezar se me da fácil… lo difícil es quedarme.
o Quedarme cuando pasa la emoción.
o Cuando ya no es novedad.
o Cuando toca cuidar lo que ya elegí.
Sostener no es suavecito.
Es valiente. Es consciente. Es de adultos.
Es pasar de la etapa de inspiración a la de encarnación:
donde ya no se trata de lo que sueñas, sino de cómo vives eso que dices que es importante.
Sostener es una habilidad emocional, relacional y espiritual.
Y sí… se entrena.
Este blog nace como un espacio para hablar de eso: de lo que implica sostener en la pareja, con los hijos, en el trabajo y conmigo misma.
De cómo se ve el amor cuando ya no es solo emoción, sino compromiso.
De cómo se ve el liderazgo cuando deja de ser discurso y se vuelve constancia.
De cómo cambian los vínculos cuando dejas de callar y te animas a abrir conversaciones difíciles y poner límites.
De cuando el autocuidado deja de ser lujo y se vuelve parte de la vida diaria.
De cómo la fe se fortalece cuando aprendes a confiar en los tiempos de Dios y sueltas la necesidad de controlarlo todo.
Aquí no vengo a hablar de perfección.
Vengo a hablar de práctica.
De intentarlo de nuevo.
De ajustar, aprender y seguir.
Para ordenar esta reflexión voy a usar una estructura que me encanta, de las Estructuras Liberadoras, llamada 3W: https://estructurasliberadoras.com/menu-ls/what-sowhat-nowwhat/
What? – So what? – Now what?
Y te invito a hacer conmigo esta pequeña “autopsia” a la palabra SOSTENER.
PRIMERA W – WHAT: ¿Qué es sostener para mí?
Durante mucho tiempo confundí sostener con aguantar.
Con resistir.
Con cargar más de lo que podía.
Hoy sé que no son lo mismo.
Para mí, sostener es permanecer presente.
Es quedarme cuando sería más fácil huir, distraerme o hacer como que no pasa nada.
Es cuidar lo que importa, sin forzarlo.
Sin exprimirlo.
Sin exprimirte.
Es una palabra silenciosa, poco glamorosa, pero profundamente honesta.
No promete velocidad, promete continuidad.
No habla de grandes gestos, habla de constancia.
Sostener también es decir no sin culpa.
Es aceptar que soltar, a veces, también es un acto de amor.
Elegir esta palabra es dejar de romantizar el sacrificio y empezar a hacerme responsable de mis decisiones.
Porque cuando sostienes desde el amor y no desde la obligación,
ya no pesa igual.
Ya no se siente como carga.
Se siente como elección.
SEGUNDA W – SO WHAT: ¿Y qué con eso?
Escogí sostener porque vengo de años de mucho movimiento, muchas decisiones, muchos reinicios y cambios.
Y porque entendí algo importante:
no todo lo valioso se construye empezando algo nuevo.
Hay cosas que solo se construyen quedándose.
Sostener implica discriminar.
Elegir.
Aceptar que no todo merece la misma energía.
Y que no se puede sostener todo sin romperse.
¿Y por qué es tan importante aprender a sostener?
Porque nadie nos enseñó a:
o sostener conversaciones incómodas
o sostener emociones intensas
o sostener rutinas que sí nos cuidan
o sostener relaciones cuando ya no todo es novedad
Entonces, ¿qué hacemos?
o Cambiamos de meta.
o Cambiamos de proyecto.
o Cambiamos de relación.
o Cambiamos de versión de nosotros mismos…
pero no siempre aprendemos a habitar lo que ya elegimos.
TERCERA W – NOW WHAT: ¿Y ahora qué? ¿A qué me invita esta palabra?
En mis relaciones, sostener me invita a:
tener conversaciones que dan miedo
poner límites aunque me miren feo
pedir ayuda y no cargar con todo sola
quedarme sin perderme
huir menos y habitar más
En la maternidad, sostener me invita a:
cuidar rutinas, valores y presencia
regularme yo, para poder regularlos a ellos
no irme emocionalmente cuando estoy cansada
En el trabajo, sostener me invita a:
cuidar más lo que ya elegí, en lugar de empezar mil cosas nuevas
no abandonar procesos solo porque dejaron de ser “sexys”
sostener conversaciones difíciles con equipos y clientes
vivir mi propósito incluso cuando hay presión por resultados
cuidar mi energía, no solo mi desempeño
En el autocuidado, sostener se ve así de simple y así de difícil:
dormir cuando toca
comer como acto de respeto
mover el cuerpo aunque no tenga ganas
decir que no sin justificarme
hacerme prioridad de forma constante, no dramática
Por eso este año quiero vivir haciéndome más preguntas que promesas:
¿Esto lo estoy sosteniendo o solo lo estoy aguantando?
¿Esto me da energía o me la quita?
¿Qué necesito soltar para poder sostener mejor?
No quiero más promesas grandotas.
Quiero decisiones sostenibles.
Quiero hábitos que me cuiden.
Quiero relaciones que se construyan en lo cotidiano, no solo en los momentos especiales.
Sostener va a ser mi práctica diaria.
Y quizá, mi forma más profunda de avanzar.
No busco un año espectacular.
Busco un año honesto.
Paso a paso.
Con cariño.
Con coraje.



Comentarios